http://www.sanpablo.com.mx/vidapastoral/
Uno de los temas del Concilio Vaticano II más ajenos para la Iglesia latinoamericana parece ser el del ecumenismo, no sólo por el desconocimiento que hay de los planteamientos de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium como del decreto sobre el ecumenismo Unitatis Redintegratio, sino, sobre todo, por la lejanía de los argumentos con respecto a la situación pastoral.

Prejuicios latinoamericanos
Mientras que para las iglesias europeas ha sido uno de los aspectos más valiosos y novedosos del Concilio, entre nosotros es simplemente un argumento sin mucha relevancia porque parece que no tiene aplicación. No falta quien piensa que se trata de una “teología de escritorio” o de una ingenuidad pastoral. En un caso o en otro, se trata de expresiones mal enfocadas que nos hacen ver la falta de comprensión de los argumentos ecuménicos, desde los pastores –llámense obispos o presbíteros– hasta los laicos en general, con mucha mayor razón.
¿Dialogar con la infinidad de grupos que nos invaden y que nos afectan cada día con un agresivo proselitismo dirigido hacia los fieles más sencillos y menos preparados? ¿Acercarnos a quienes nos ven como los enemigos a vencer y se proponen derrotarnos sin importar qué métodos utilicen? ¿No debemos más bien combatir enérgicamente a quienes difunden una serie de calumnias contra la Iglesia y una serie de doctrinas cada vez más alejadas del Evangelio confundiendo a muchos? Es aquí donde algunos pastoralistas hablan de ingenuidad: “mientras que nosotros como Iglesia católica manifestamos nuestra apertura y respeto con la bandera del ecumenismo por delante, otros trabajan con mucha habilidad para llevarse a sus filas a miles y miles de católicos, que se ‘convierten’, sí, pero en aguerridos anticatólicos”.


