miércoles, 14 de marzo de 2018

De conflictos políticos y fe cristiana


Por Jonathan Navarro
Lupa protestante 07, de marzo de 2018

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Quiero compartir con vosotros un artículo que leía el otro día en Christianity Today[1], del que haré algunos extractos, actualizando un poco algunos datos, ya que está escrito de hace varios años.
Pienso que es muy interesante hacer una mirada al pasado de personas que como nosotros profesaban la fe cristiana desde iglesias protestantes, y que les tocó vivir grandes conflictos políticos.
Quiero decir también que puede parecer difícil buscar paralelismos con nuestra situación actual aunque podremos ver que aunque decimos que la persona creyente “no es de este mundo”, en tanto que vive en el mundo no puede rehuir del conflicto político. Pero quizá sí debería poder ejercer la ciudadanía política con huella cristiana.
¿Lo consiguieron entonces los cristianos protestantes de EEUU? Os invito a que reflexionéis sobre esta complicada y apasionante historia, porque siempre podremos aprender algo de la historia …
Mucho antes de que los cañones fueran disparados sobre Fort Sumter, la guerra civil ya había estallado en las iglesias de los Estados Unidos. Tres de las denominaciones protestantes más grandes del país se rasgaron por la cuestión de la esclavitud o por problemas relacionados.
¿Cuáles fueron las causas de estas divisiones?
Antes de 1830, la esclavitud era una algo aceptado en la vida americana. Pero durante los próximos quince años, se convertiría en un tema tan fuerte y poderoso que acabará partiendo a los cristianos en dos partes. ¿Por qué?
-          La producción de algodón, que dependía del trabajo de los esclavos, era cada vez más rentable y esencial para la economía, especialmente en el Sur.
-          Durante la década de 1830, el famoso pastor presbiteriano revivalista Charles Finney convirtió a miles de personas (se calcula que 500.000), muchos de ellos se unieron a la cruzada contra la esclavitud.
-          En 1831, un esclavo de Virginia, Nat Turner, lideró una violenta revuelta que mató a 57 blancos. En el Sur temían profundamente los intentos de liberar los millones de esclavos que los rodeaban. Ese mismo año, el periodista, y ardiente abolicionista, William Lloyd Garrison comenzó a publicar “The Liberator”. Sus ataques fogosos a la esclavitud sólo hicieron que endurecer las actitudes del Sur.
Hacia 1837 (24 años antes de la guerra), las sociedades antiesclavistas que habían existido a lo largo del territorio del Sur habían desaparecido. Los abolicionistas del Sur huyeron hacia el Norte para salvaguardar su propia seguridad.
Los líderes de las iglesias del Sur comenzaron a desarrollar una fuerte defensa bíblica de la esclavitud. Atacaron a los abolicionistas del Norte por su “racionalismo e infidelidad” (a las Escrituras) y por tener un “espíritu entrometido”.
Los burócratas de la Iglesia intentaron mantener la esclavitud fuera del debate y mantener la paz con el silencio. Pero ocho años después, las tres grandes denominaciones (Metodistas, Presbiterianos y Bautistas) se habían dividido. De ello el historiador Sydney E. Ahlstrom escribe que, “personas honorables, éticas y temerosas de Dios … habían en ambas partes” [sic].
¿Qué consecuencias supusieron las divisiones?
El famoso senador de Kentucky, Henry Clay, declaró que las divisiones de la iglesia eran “la principal fuente de peligro para nuestro país”.
Antes del 1844, la Iglesia Metodista era la organización más grande del país (sin incluir al Gobierno Federal). Cuando se dividió, se cortó el gran lazo que adhería al Norte con el Sur. De hecho, según el historiador C.C. Goen, el 94 por ciento de las iglesias del norte pertenecían a una de las tres grandes iglesias que se rompieron. Repentinamente, en un sentido religioso, el Sur comenzó su deriva fuera de la Unión.
Civil War Times Illustrated, explica que las divisiones de la iglesia “ayudaban a romper la delicada Unión de Estados Unidos en dos partes: … Al cortar los lazos religiosos entre el Norte y el Sur, el cisma reforzó la fuerte inclinación del Sur hacia la secesión de la Unión. El cisma también ayudó a producir una ruptura en los partidos políticos nacionales, que se dividieron en facciones … Y la destrucción de los partidos provocó la ruptura de la propia Unión “.
Las iglesias divididas también reformaron el cristianismo Norte Americano. Se formaron nuevas denominaciones importantes, como la Convención Bautista del Sur. Y el cristianismo en el Sur y su contraparte en el Norte se separaron en diferentes direcciones: Los creyentes del Sur, que habían usado una lectura literal de la Biblia para defender la esclavitud, promovieron cada vez más la lectura personal y literal de las Escrituras. Mientras en el Norte, que habían subrayado los principios subyacentes de las Escrituras, como el amor de Dios por la humanidad, promovieron cada vez más las causas sociales.
El cristianismo americano sigue hoy mostrando réplicas de una guerra que terminó hace 150 años.
Algunos datos:
Presbiterianos, pasos hacia la división
1837: Las escuelas teológicas presbiterianas “Old School” y “New School” se dividen en las cuestiones teológicas. Esto precede y fomenta después, la división Norte-Sur de forma completa.
Situación final de la Nueva Escuela (más fuerte en el Norte): interpretación moderada de la teología calvinista; apertura a las alianzas interdenominacionales; inclinación hacia la abolición.
Situación final de la Escuela Vieja (más fuerte en el Sur): teología calvinista tradicional; oposición a las “Sociedades Voluntarias” (que promovieron, por ejemplo, la abstinencia alcohólica y la abolición) porque debilitan la iglesia local; oposición a la abolición.
Metodistas, pasos hacia la división
1836: los activistas antiesclavistas presentan una legislación en la Conferencia General donde se declara que la esclavitud es malvada, aunque “el abolicionismo moderno” fue rechazado completamente.
1840: la Delegación contra la esclavitud no consigue que la esclavitud sea una cuestión de disciplina.
1843: 22 ministros abolicionistas y 6,000 miembros abandonan la Iglesia Metodista y forman una nueva denominación-Iglesia Metodista Wesleyana.
1844: Debate feroz en la Conferencia General sobre el obispo del sur James O. Andrew, que es propietario de esclavos. La resolución declara que debe abandonar su cargo de obispo. Los delegados del sur, enojados, trabajan un plan de separación pacífica; al año siguiente forman la Iglesia Episcopal Metodista, en el Sur.
Situación final al Norte la esclavitud entra de la disciplina eclesiástica: abolición.
Situación final al Sur Aceptan que los líderes de la iglesia sean esclavistas; oposición a la abolición.
Bautistas, pasos hacia la división
1839: La Junta de Misiones Exteriores se declara neutral sobre la esclavitud.
1840: La nueva CBA contra la esclavitud denuncia a los esclavistas; Como respuesta los del Sur amenazan con dejar de hacer donaciones a las agencias bautistas.
1845: en Alabama piden a la Junta de Misiones designar a un esclavista como misionero; la Mesa controlada por el Norte se niega; Los sureños forman una nueva Convención Bautista del Sur separada.
Situación final al Norte: Negativa a nombrar ningún misionero esclavista; rechazo de la esclavitud; deseo de una estricta independencia congregacional.
Situación final en el Sur: Libertad para llevar a cabo trabajos misioneros sin tener en cuenta el problema de la esclavitud; libertad “para promover la esclavitud”; deseo de conexiones centralizadas entre las iglesias.

La historia, una gran pedagoga

Leídos, pues, los datos que nos ofrecía el Christianity Today, ¿qué podemos decir?
Podemos ver que las iglesias protestantes de los EE.UU pasaron 15 años en “guerra” teológica-eclesial hasta que, finalmente, cada una de las grandes denominaciones (Presbiterianos, Metodistas, y Bautistas) se dividieron en dos bandos que, hasta el día de hoy, en muchos casos aún no se han terminado de reconciliar.
¿Por qué? Y más importante aún, ¿qué nos enseña la historia a los protestantes del s. XXI?
Hay unos datos claves que nos ayudarán a interpretar estos eventos del s. XIX, y creo que son los siguientes:
1.- La cuestión económica: El Sur esclavista dependía totalmente del cultivo del algodón, y el algodón lo cultivaban los esclavos. Es decir, una teología que estuviera en contra de la esclavitud, era una teología que causaría una crisis económica en los estados del Sur que dependían del cultivo del algodón; el Norte industrializado no tenía tanta dependencia, en este sentido, de los esclavos.
2.- En el otro extremo del país, en el norte del Norte, el Pastor Presbiteriano Charles Finney se une a la nueva ola de restauracionistas que buscan que la iglesia del s. XIX se parezca más a la iglesia del s. I, y lo hace desde una antropología bíblica nueva y radical: los esclavos son seres humanos, imagen de Dios, deben ser libres; y las mujeres pueden participar del culto, e incluso orar en voz alta. Esta radicalidad le lleva a negar la participación en la Santa Cena de aquellos cristianos que tuvieran esclavos.
3.- El silencio institucional: Durante más de la mitad de los años del conflicto, las tres grandes denominaciones intentaron imponer el silencio en el debate institucional, para intentar salvaguardar la unidad de las iglesias. En 1839 los Bautistas como denominación, en el tema de los esclavos todavía pretendía declararse neutral. Los metodistas tienen un feroz debate en 1944, pero es que en 1943, 22 pastores y 6000 miembros abolicionistas ya habían abandonado la iglesia para hacer su propia denominación Metodista-Wesleyana. Por su parte los presbiterianos se dividen teológicamente en el 37, sin embargo la institución aguanta unida hasta los años 40.
Todos estos datos, y más que podríamos encontrar en el mismo sentido, son muy reveladores. Nos hablan ante todo de que ninguna teología es neutra hacia las realidades políticas y económicas del lugar donde se realizan.
¿Verdaderamente si el Sur no hubiera necesitado los esclavos para su desarrollo económico, hubiera sido tan fuerte la posición teológica de los esclavistas? Evidentemente no lo hubiera sido. La teología siempre puede ser más libre cuanto menos depende de compromisos políticos y económicos. Podemos estar seguros de que, si la abolición de la esclavitud hubiera supuesto el derrumbe económico del Norte, los teólogos y pastores abolicionistas también hubieran tenido problemas allí.
En segundo lugar podemos ver que siempre serán necesarias nuevas lecturas bíblicas, incluso para las cuestiones antiguas. En el s. XIX, con más de 1800 años de cristianismo y 300 años de Reforma, y aún era necesario revisar la interpretación bíblica. Los esclavistas decían: “chicos, desde el principio de los tiempos siempre ha habido esclavos, incluso en la Biblia ¿con qué novedades teológicas vienes ahora? ¿Es que no amáis las Escrituras? ”
Del mismo modo, podemos ver como el acceso de la mujer al mundo académico, laboral y político, ha sido marcado por la posición de la mujer dentro de la iglesia, fundamentada en una teología concreta que también fue necesario revisarla para que las mujeres alcanzaran los derechos civiles en igualdad con el hombre.
Y finalmente tenemos la cuestión del silencio. Las instituciones cristianas ante el conflicto tienen tendencia a esconderse y silenciar los debates, para conservar la unidad. En el caso del esclavismo poco importaba que cientos de miles de personas fueran raptadas, vendidas, torturadas y esclavizadas de por vida, siempre y cuando la iglesia no se dividiera.
Claro, nadie desea los conflictos, menos aún las divisiones, pero la historia nos enseña que por mucho que la institución, para protegerse, quiera imponer el silencio y la prudencia, cuando el conflicto está servido llegará más tarde o más temprano. La misma experiencia vivió la iglesia con la cuestión de la mujer, del divorcio y más recientemente con la cuestión de la homosexualidad.

Conclusiones

La iglesia es un conjunto de seres humanos que se saben convocados por Dios, es la ekklesia, literalmente “la asamblea”, por lo tanto es un órgano político por naturaleza, esto no quiere decir que sea de un partido político, ni siquiera debe ser necesariamente de una línea política, pero sí es totalmente política desde el momento en el que confiesa al Señor como única autoridad absoluta, y desde el momento en que su predicación y sus actos influyen en su entorno socio-político.
La predicación y la teología de la iglesia no es neutra. Y a menudo sus reacciones responden o a intereses socio-económicos, o partidistas, o culturales, o a intereses de auto-conservación y auto-protección, más que a una teología sincera y misericordiosa. De ello debemos ser plenamente conscientes, negarlo no nos permitiría corregirlo.
Sin embargo, no podemos obviar la cuestión de los radicalismos. Podemos observar que en el lado abolicionista, Charles Finney, y los restauracionistas en general, fueron muy radicales en su postura hasta el punto de negar la Santa Cena a los no abolicionistas; también los metodistas que dejaron la iglesia Metodis para abrir la iglesia Metodista-Wesleyana fueron bastante radicales en el bando abolicionista. Pero en el Sur esclavista aprendieron rápido: presbiterianos y Bautistas en 1910 crearon la corriente fundamentalista que predicaba, y predica aún hoy con fuerza, la inerrancia y la infalibilidad de las Escrituras a todos los niveles, la lectura literal, la libre interpretación personal, el creacionismo, la sumisión de la mujer al varón, entre otras cuestiones, como respuesta a las lecturas teológicas que promovieron la liberación de los esclavos primero, y la emancipación de la mujer después.
La iglesia a lo largo de los siglos ha demostrado, lamentablemente con demasiada frecuencia, que sabe más de radicalidades que de diálogo, y de tolerancia.
Debemos ser honestos y reconocer que nunca se ha dicho, ni se podrá decir, la última palabra en nada. Por mucho que ahora estemos en el s. XXI y por mucha teología que se haya escrito, nunca podremos contentarnos con lo que ya se ha dicho, sin más.
Hoy, además de las cuestiones de género, o de las cuestiones ecológicas, en España nos encontramos también con cuestiones de justicia y de libertades sobre la mesa: ¿Presos políticos?¿ Censura? ¿Acoso ideológico? ¿Gobiernos intervenidos? ¿Corrupción sistémica?
¿Y qué tiene que decir la iglesia ante estas situaciones? ¿Debe callar porque no es su ámbito natural? ¿Acaso no es nuestro ámbito la justicia? ¿Debe callar por miedo a ofender, a perder miembros? ¿Debemos tener miedo y luchar únicamente para nuestra auto-conservación? ¿O debe radicalizarse y tirar adelante sin esperar a nadie, o peor, excluyendo de facto las diferentes voces que se puedan producir dentro de nuestro seno?
No son más cuestiones fáciles. Pero lo que está claro, es que, de los conflictos nunca nos podremos esconder, pues ellos vendrán a por nosotros.
Debemos continuar siendo críticos con nosotros mismos, debemos continuar siendo críticos con las lecturas e interpretaciones bíblicas del pasado, y ver si es necesario, o no es necesario, hacer una revisión de los supuestos que configuran nuestra teología y predicación.
No podemos huir de la política, ni podemos huir del conflicto, es mucho mejor un camino en el que fomentemos el diálogo intelectualmente honesto, sin miedo a perder nuestras instituciones humanas, sino al contrario, con hambre y ganas de vivir el Reino y la Justicia de Dios en nuestro propio contexto.
[1] http://www.christianitytoday.com/history/issues/issue-33/broken-churches-broken-nation.html